Se intento incorporar pero enseguida cayó sobre sus débiles
rodillas a causa del anestésico que aun seguía presente en su organismo. Aferrado
a su cuello llevaba un collar de hierro , que estaba manejado por la fría
mano del Salvador, el cual estaba electrificado, solo necesitaba pulsar un
botón para que una descarga eléctrica recorriese la columna vertebral de las
jóvenes haciéndolas caer de dolor dependiendo de la fuerza de la descarga
eléctrica.
Una de las jóvenes,
la cual se encontraba vestida por lo que en antaño debió ser unos vaqueros y
una camisa, más ahora solo eran arrapos que cubrían débilmente y con
deficiencia su cuerpo:
-No intentes oponer resistencia.- La dijo al ver como
intentaba quitarse el collar del cuello.- No funcionara, solo harás que una
descarga eléctrica recorra tu cuerpo.
La dedico una mirada de compasiva y se acurruco en lo que
debía de ser su cama arropándose con una manta y sus compañeras como autómatas
realizaron en mismo gesto y cerraron los ojos mientras que la nueva las miraba
incrédula. Estaban completamente dominadas por un ser extraño, ya se habían
dado por vencidas. Y se quedo allí sola y a oscuras acurrucada tapada por la
manta que la correspondía, apoyando su espalda a la fría pared mientras recogía
sus piernas entre sus brazos y la cabeza entre ellas. Poco a poco se dejo
llevar por el sueño y se quedo rendida de nuevo, pero duró poco su sueño, pues
cuando una extraña y potente luz ilumino la estancia se despertó encontrándose
de frente con su mayor pesadilla. Una potente voz sonó en la habitación a
través de unos altavoces:
-Hola de nuevo ya sabréis lo que os toca hacer hoy ¿no?.-
Hizo una pequeña pausa.- Bueno nuestra nueva incorporación no, soy El Salvador,
estáis aquí confinadas, pues habéis sido elegidas para ser salvadas de la
impureza del mundo. Habréis de pasar diferentes pruebas para demostrar que sois dignas para ser
salvadas y salvar a la humanidad.
La joven no aguanto más y se dejo llevar por la ira:
-¡Como te atreves a decir eso, todos somos dignos de vivir!.
Chilló a los cuatro vientos cuando una descarga eléctrica
recorrió su cuerpo:
-No seas insolente o ¿ acaso los asesinos, pederastas y
demás dementes deben seguir con vida?
La joven se puso en pie a duras penas, pues las piernas le
temblaban debido a la descarga:
-Precisamente tú , el que se hace llamar El Salvador, no
debería decir eso, pues ¿en qué se diferencia a ellos?
Una nueva descarga recorrió su cuerpo y esta cayó al suelo.
-Yo no soy igual que ellos niña, yo estoy aquí para salvar a
algunas almas a algunos seres y no me hagas enfadar.
Sus palabras resonaron en la sala haciendo que la joven se
mordiese el labio, sufriendo varios espasmos
debidos a las descargas que su
joven cuerpo acababa de sufrir. Se mordió el labio y se trago sus palabras
mientras que la ira invadía su cuerpo. En ese mismo momento unas bandejas de metal
aparecieron del otro lado de la pared con una especie de potingue, escaso.
-Comer antes de las pruebas.
Esas fueron sus últimas palabras. La joven se acerco al
plato y comió con cara de asco mientras miraba a sus resignadas compañeras, que
se comían con ansia y deseo aquel extraño, maloliente y pringoso potingue que
parecía tener vida propia.
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